14 de agosto de 2026
WiFi lento en la oficina: qué revisar antes de cambiar el router
Es una de las llamadas más habituales que recibimos: "el WiFi va lentísimo, necesitamos un router mejor". Y en la mayoría de los casos, el router no tiene la culpa. Cambiarlo por otro más caro suele dejar el problema exactamente donde estaba, con la factura un poco más alta.
Antes de comprar nada, merece la pena entender qué está pasando de verdad. Estas son las causas que nos encontramos una y otra vez en oficinas de 3 a 20 personas.
1. El router está en el sitio donde entra la fibra, no donde hace falta
El instalador de la operadora coloca el router donde le resulta cómodo dejar el cable: la entrada, un armario, detrás de una columna. Nadie decide esa ubicación pensando en la cobertura.
El WiFi se lleva especialmente mal con el metal, el hormigón armado y el agua. Un router dentro de un armario metálico, detrás de un monitor o al lado de la máquina de café pierde muchísimo alcance. Antes de gastar dinero, prueba a sacarlo a un sitio despejado y elevado, aunque sea provisionalmente con un cable más largo. A veces ahí acaba el problema.
2. Un solo punto de acceso para toda la planta
Un router doméstico está pensado para cubrir un piso, no una oficina con paredes de obra, despachos cerrados y una sala de reuniones al fondo. Cuando la señal llega justa, los dispositivos no se desconectan: siguen conectados, pero negocian velocidades muy bajas y además ocupan el aire más tiempo, lo que ralentiza a todos los demás.
La solución no es un router más potente (la potencia está limitada por normativa y el problema es el camino de vuelta), sino repartir la cobertura con varios puntos de acceso bien colocados y conectados por cable. Es lo que se llama una red WiFi en malla o con varios AP gestionados: te mueves por la oficina y el equipo va cambiando de punto sin que te enteres.
3. Todo el mundo en la banda de 2,4 GHz
La banda de 2,4 GHz llega más lejos pero es lenta y está saturada: la usan los vecinos, los teléfonos inalámbricos, algunos dispositivos de bajo consumo e incluso los microondas. La de 5 GHz es mucho más rápida y limpia, pero atraviesa peor las paredes.
Si tu red va mal, comprueba en qué banda están realmente los equipos importantes. Muchas veces los portátiles se han "pegado" a la de 2,4 GHz y no vuelven a soltarla.
4. Usar WiFi para cosas que deberían ir por cable
El WiFi es un recurso compartido: cuanto más lo usas, menos queda para los demás. Hay equipos que no tienen ninguna razón para ir por aire. Ordenadores fijos, el NAS o servidor donde están los archivos comunes, la impresora multifunción de la sala común, las cámaras de videovigilancia y los teléfonos VoIP funcionan mejor y de forma más estable con un cable. Y liberan aire para portátiles y móviles.
Si la oficina no tiene tomas de red suficientes, un cableado bien hecho con un switch es una inversión que dura años y se nota desde el primer día, sobre todo si tienes telefonía en la nube: una llamada cortada molesta mucho más que una descarga lenta.
5. La red invitados y la red de trabajo son la misma
No es solo cuestión de velocidad, también de seguridad. Si los móviles personales, los dispositivos de visitas y los equipos de la empresa comparten la misma red, cualquier problema en uno queda a un paso del resto. Separar una red de invitados es sencillo y no cuesta nada.
Cómo saber si el problema es el WiFi o la línea
Una comprobación rápida: haz un test de velocidad con un equipo conectado por cable al router y luego repítelo desde el sitio donde falla el WiFi. Si por cable va bien y por aire no, el problema es la red interna. Si por cable también va mal, hay que mirar la línea o la operadora. Es un minuto de trabajo que evita muchas compras innecesarias.
Si tras estas comprobaciones sigues con dudas, podemos revisar la cobertura real de tu oficina y proponerte algo dimensionado a lo que necesitas, sin vender potencia de más. Cuando quieras, hablamos.
