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23 de agosto de 2026

El ordenador va lento: qué revisar antes de comprar uno nuevo

Es una de las frases que más escuchamos: "el ordenador va lentísimo, creo que toca cambiarlo". A veces es cierto. Pero muchas otras veces el equipo tiene cuerda para dos o tres años más y lo que falla es otra cosa. Merece la pena dedicar media hora a comprobarlo antes de firmar un presupuesto de material nuevo.

Primero: ¿lento siempre o lento a ratos?

No es lo mismo un equipo que tarda tres minutos en arrancar y luego funciona, que uno que se queda congelado a media mañana. Antes de tocar nada, fíjate en el patrón:

  • Lento al arrancar y luego normal: suele ser exceso de programas que se abren solos al iniciar sesión.
  • Lento siempre, con todo: disco duro antiguo o falta de memoria.
  • Lento solo con una aplicación concreta: el problema está en esa aplicación o en la conexión con el servidor o la nube.
  • Lento a ratos, sin patrón claro: puede ser el antivirus haciendo análisis, actualizaciones en segundo plano, un problema de red o, en el peor caso, malware.

Esa distinción ya te ahorra la mitad del diagnóstico.

El disco mecánico: la causa número uno

Si el equipo tiene unos años y nunca se le ha cambiado el disco, es muy probable que lleve un disco mecánico (de los que giran). Un disco así arrastra a cualquier ordenador, por mucha memoria y procesador que tenga. Sustituirlo por un SSD es, con diferencia, la mejora que más se nota y una de las más baratas.

En equipos que por lo demás están sanos, este cambio suele devolverlos a una velocidad perfectamente usable para ofimática, correo, navegación y gestión.

La memoria RAM y las pestañas del navegador

La otra causa habitual es quedarse corto de memoria. Hoy es normal trabajar con el navegador abierto con veinte pestañas, el programa de facturación, el correo y alguna herramienta de videollamada. Si el equipo tiene poca RAM, empieza a tirar del disco para compensar y todo se vuelve pastoso.

Una comprobación sencilla: abre el Administrador de tareas (Ctrl + Mayús + Esc) mientras trabajas de forma normal y mira el porcentaje de memoria en uso. Si vive por encima del 85–90 %, ampliar RAM es dinero bien gastado, siempre que la placa lo permita.

Lo que no es hardware

Antes de comprar nada, descarta estas cuatro cosas:

  1. Programas que arrancan solos: barras de herramientas, sincronizadores, actualizadores... Se revisan en la pestaña Inicio del Administrador de tareas.
  2. Dos antivirus a la vez: pasa más de lo que parece y se pelean entre ellos.
  3. Ventiladores llenos de polvo: si el equipo se calienta, el procesador se ralentiza a propósito para protegerse. Una limpieza interna cambia el comportamiento.
  4. Malware: si además ves publicidad rara o el navegador cambia de página de inicio, deja de mirar el hardware y haz una revisión de seguridad.

Cuándo sí conviene cambiarlo

Hay casos claros: equipos que ya no admiten una versión de Windows con soporte, portátiles con la bisagra o la placa dañadas, o máquinas donde la suma de reparaciones se acerca al precio de uno nuevo. También cuando el trabajo ha cambiado: un equipo que servía para facturar no vale igual para diseño o CAD.

La regla práctica que usamos: si la mejora cuesta menos de un tercio de lo que costaría un equipo nuevo equivalente y el resto de piezas están bien, casi siempre compensa arreglarlo.

Antes de tocar nada, copia

Cualquier intervención —cambiar disco, reinstalar, limpiar— implica manipular datos. Haz una copia de seguridad antes, y comprueba que esa copia se puede restaurar de verdad. Es el paso que más gente se salta y el único que no tiene marcha atrás.

Si quieres que revisemos si tu equipo tiene arreglo o toca renovarlo, hablamos.

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